Un perrito mayor que cambió muchas cosas
En algún punto entre Bélgica y España, nuestra vida tomó otro rumbo. Literalmente, para empezar. Hacia el sur.
Llegamos aquí juntos, con nuestros perros y nuestras cosas. Lo que entonces no alcanzábamos a imaginar era cuánto espacio habría en este capítulo español para nuevas historias. Y cuántas de esas historias tendrían cuatro patas. Una casa con un jardín grande resultó ser una idea excelente. Aunque hay distintas opiniones sobre a quién pertenece realmente ese jardín. Nosotros pagamos las facturas. Los perros lo disfrutan. A ellos les parece un reparto de responsabilidades de lo más equilibrado.
Así fuimos construyendo nuestra vida aquí. Vincent trabaja desde casa. Yo pinto, leo e intento que mi español suene cada vez un poquito menos aventurero. Paseamos con los perros cuando no hace demasiado calor, nos gusta recibir gente alrededor de nuestra mesa y disfrutamos de la vida que hemos encontrado aquí. Suena bastante idílico, pero… También hay que quitar los pelos del sofá… Y después otra vez… Y otra vez…
La Casa Vagabundo no empezó con un plan de negocio, una reunión de directivos ni alguien diciendo: «Deberíamos reflexionar sobre nuestra posición en el mercado».
Estaba Gepetto. Nuestro perrito mayor, algo achacoso, un poquito cabezota y con su cojera. Uno de esos perros a los que la gente quizá mira y piensa: qué tierno… pero ¿quién va a darle un hogar a un perro así?
Pues nosotros. Con su propio ritmo y su presencia tranquila, nos enseñó cuánta felicidad puede haber en cuidar de un perro mayor. Juntos en el sofá. Una mantita. Un suspiro profundo con el que parecía indicar que el servicio era aceptable. De momento.
Gepetto no tenía que convertirse en otro perro. Podía ser, simplemente, Gepetto. Cuando tuvimos que dejarlo ir, nos dejó un vacío enorme. Pero también una idea que ya no quiso marcharse… ¿Y si hubiera un lugar para perros como él? Los mayores. Los vulnerables. Los que van despertando menos interés, aunque todavía tengan tanto que dar.
Ahí encontró su corazón La Casa Vagabundo: un hogar para hocicos canosos. Aquí todo gira en torno a camitas cómodas, buena alimentación, cuidados adaptados a cada perro y tiempo para acostumbrarse.
A veces, también gira en torno a las salchichas. Eliseo puede confirmar que las salchichas contribuyen considerablemente al entendimiento mutuo.
Vamos conociendo a nuestros perros tal como son. Uno busca compañía; otro necesita primero un poco de distancia. Algunos se relajan en cuanto encuentran su cama. Otros todavía tienen que descubrir que una mano tendida también puede ofrecer cariño. Y nosotros aprendemos con ellos. A tener paciencia. A observar mejor. A reconocer esos pequeños momentos que, en realidad, no son pequeños en absoluto.
Un perro que se tumba relajado por primera vez. Que se acerca con cautela. Que se queda dormido y, por lo visto, decide que podemos encargarnos nosotros de la vigilancia un rato. Eso nos hace felices.
Y ahora empieza aquí un nuevo capítulo A partir de ahora queremos compartir en este rincón nuestra vida en España. Los perros, mis cuadros, los días bonitos y esos días en los que conviene preparar primero un café. Aquí encontrarás calidez. De vez en cuando, tristeza, porque también forma parte de la vida con perros mayores. Y, sobre todo, humor. Con tantos personajes bajo el mismo techo, aquí no falta material nuevo cada día.
La Casa Vagabundo se ha convertido en nuestro hogar, con todo lo que eso conlleva. El amor. Las preocupaciones. Los hocicos canosos y, por supuesto, también nuestros propios pequeños Vagabundos.
Y todos esos sofás en los que, según recordamos, originalmente también debía haber sitio para dos humanos. No perdemos la esperanza.

